El espíritu sopla donde quiere, dice el Evangelista. Nadie sabe a dónde va, ni desde dónde viene. Al igual que el Espíritu, la Verdad Tradicional puede provenir de lugares tan inhóspitos como la China de los Zhou, o la Buenos Aires cosmopolita de los años sesenta, y ambos ser dos reflejos de la misma Luz.
Lao Zi dice en el libro del Tao:
"He oído decir que quien sabe cuidarse viaja sin temor al rinoceronte ni al tigre, y va desarmado al combate. El rinoceronte no encuentra donde hincarle el cuerno, ni el tigre donde clavarle su garra, ni el arma donde hundir su filo. ¿Por qué? Porque en él nada puede morir. (L)"
El espíritu que alcanza el Tao y recorre su sendero, está decididamente apartado de toda componenda mundana; los sortilegios del yo, y los temores típicos de la materia (la extinción, la disociación, la inestabilidad), se ven integrados y armonizados en la maravillosa unidad del Uno, que lo es todo, como en el Bhagavad Gita, donde la realidad entera no es otra cosa que Brahmán (verdad única del no dualismo advaita vedanta). Esta idea, innata a toda Tradición (Sophia Perennis) le permite a Alberto Girri, en 1963, en su departamento de la calle Viamonte, en pleno microcentro, reescribir (no epigonar, claro está), el idéntico proverbio taoísta:
CUANDO LA IDEA DEL YO SE ALEJA
De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
apoyo en el suelo,
vueltas las manos hacia arriba,
corazón,
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,

blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: Yo soy,
y en la enfermedad y muerte,
vejez y nacimiento
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.
Antes hacía, ahora comprendo.
Buenos Aires, Abril de 2014

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