domingo, 20 de julio de 2014

Pink Floyd y Tu Fu: una teoría de la amistad



A los amigos que siempre están.

Pocas obras de arte que yo recuerde testimonian el valor inestimable de la amistad. Muchísimas menos son aquellas que exponen la pérdida y añoranza de un amigo entrañable, ya ido. Entre éstas obras, particularmente, hay dos que, en este último tiempo, han dado vuelta por mi cabeza, con la constancia de un hábito. Se trata de un texto de Tu Fu, el poeta más sensible de todos los miles que ha dado la historia de China, y de un álbum de rock progresivo, atípico y brillante, Wish You Were Here (1975) de Pink Floyd.
Diversas circunstancias de la vida, en las que no faltaron la desidia y la ineficacia, me han llevado a perder muchos más amigos de los que conservo. Sospecho, entre otras cosas, que debe ser fruto de aquella dolorosa sentencia que afirma que sólo se pierde lo que nunca se ha tenido.
A pesar de la cruda verdad de esta fórmula un poco pesimista, fue otro incentivo, mucho más feliz y bienaventurado, el que motivó a Tu Fu a escribirle un poema a un amigo perdido, así como a los músicos de Pink Floyd consagrarle un disco entero a la figura emblemática del desaparecido Syd Barrett. Un disco que celebra la amistad en medio de la desolación de la vida moderna.
El desastroso paso del tiempo se muestra en todo su patetismo cuando los amigos de la edad de oro, ante el advenimiento de épocas más sombrías, se alejan. En algunas ocasiones no es un móvil egoísta el que provoca el distanciamiento, sino la dureza de la vida, intereses disímiles, caminos que se bifurcan.
Así como nuestros cuerpos envejecen, del mismo modo los afectos se agrietan, y se dispersan. Herido el pastor, las ovejas se dispersan, dice el libro de Zacarías.
Hoy que vivimos tiempos de una aceleración e individualidad deplorables, me detengo unos minutos para escuchar un album que habla hermosamente, como casi ningún otro, de la amistad, una forma de amor que cada día es más difícil encontrar, y releo, como recitando un mantra, este suave y delicado poema de Tu Fu, dedicado a todos aquellos que en el pasado y más aún en el presente, siguen avivando en mí el calor de la amistad:

UNA VISITA A WEI PA, LETRADO RETIRADO

En la vida es muy poco frecuente
que dos amigos vuelvan a encontrarse.
Tanto como la unificación de los luceros
de la mañana y de la tarde.
Esta noche es distinta
a las demás noches,
pues por fin pudimos sentarnos juntos
a la luz del mismo candil.
Juventud y energía,
¿Cuánto tiempo las tendremos?
Mi barba y mis cabellos
se están volviendo grises.
Cuando visito a los viejos amigos,
recuerdo que están entre los fantasmas
más de la mitad de ellos,
pero ahora que te encuentro
mi corazón se estremece.
¿Cómo podía saber que debería
aguardar veinte años
antes de volver a estar contigo?
La última vez que nos separamos
tú no estabas casado.
No esperaba encontrarte ahora
con una familia, con hijos.
Ceremoniosamente, y dando muestras
de alegría, presentan tus respetos
al viejo amigo de su padre,
y me preguntan de dónde vengo.
No habíamos terminado de contarnos
nuestras presentaciones
cuando ordenaste a los chiquillos
que trajeran el vino
y lo colocaran a nuestro lado.
Las cebollas relucen
con el rocío del atardecer,
y se las guisa frescas
con semillas amarillas.
Mi anfitrión me comenta lo difícil que es
celebrar un encuentro
y me pide disculpas
continuamente.
Después de diez copas
aún no estábamos bebidos,
sólo nos volvimos sentimentales
ante nuestros recuerdos.
Mañana nos separarán
las Colinas Occidentales
y las codicias del mundo
harán que nos olvidemos el uno del otro.

(siglo XVIII)